Ella y yo

Después del último temblor de placer, como siempre desde que había descubierto sus mágicos dedos, se encontraba exhausta estirada en la cama. Mientras su respiración se calmaba poco a poco, cerró los ojos. Pensaba en ella, su eterna y fiel compañera: la soledad.

Durante el día proyectada en su sombra, durante la noche en su almohada. Era consciente de que nadie le iba a entender mejor, de que nadie iba a ser mejor para ella. Era la definitiva. Lo que desconocía, era que esa soledad que tanto apreciaba simplemente era ella misma. Conociéndose, descubriéndose y queriéndose cada día más.

Se apoyó sobre su costado y le abrazó, de la misma forma que hacía cada noche, dispuesta a dejarse raptar por los sueños. Y con una sonrisa:

-Buenas noches -le susurró.

Anne Bloom

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