Oesed

La pequeña Adara siempre pasaba frente a esa peculiar tienda de antigüedades sin fijarse mucho en su interior, pero ese día había algo especial en el expositor.
Un enorme y antiguo espejo con un precioso marco dorado captó la atención de la niña. Sin pensarlo dos veces entró en la tienda y se dirigió hacia aquel espejo que tanto le recordaba al de Oesed. Se dispuso a quitar la sábana que lo cubría pensado en qué poder mágico tendría cuando quedó sorprendida al no encontrar reflejo alguno en el mismo.
¿Para qué servía un espejo que no reflejaba nada? No podía ser, ese espejo debía ser especial, puso su pequeña mano sobre la superficie y todo quedó a oscuras por un momento… abrió sus ojos y estaba en casa, con papá y mamá, como si aquel accidente de tráfico nunca hubiera sucedido y aquel deseo que pedía cada noche antes de dormir se hubiera cumplido.

Murgi

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