Gotas de agua

Desde el día que nacimos, todos tenían problemas para diferenciarnos. Nuestro padre siempre recuerda con cariño cómo la enfermera se hizo un lío al entregarnos a nuestra madre. Ella era la única capaz de saber quién era quién en todo momento, nunca conseguimos engañarla. En el colegio, sin embargo, aprovechamos que estábamos en clases diferentes para intercambiarnos los exámenes. A mí se me daban mejor las ciencias y a él, las letras. En una ocasión, incluso nos cambiamos las novias. Ninguna de ellas notó la diferencia.

Mirarle siempre había sido como mirarme en un espejo. Ahora, en cambio, tan pálido dentro de esa caja, es la primera vez que no me reconozco en él. Le echaré de menos.

Daniel de Castro 

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