Rattus Oficinus

Al salir del despacho del jefe, siento las miradas de mis compañeros clavadas en mí. A sus ojos, ya no soy el mismo de antes, empiezo a cambiar. Todo mi cuerpo se cubre de una espesa mata de pelo. El rostro se alarga, los ojos se vuelven completamente negros y me crecen dos largos y afilados colmillos. Empiezo a caminar a cuatro patas, ayudado por una cola tan larga como mi cuerpo, el cual ve reducidos sus 85 kilos a unos escasos 150 gramos.

Terminada la metamorfosis, ya solo queda aceptar que soy la nueva rata de la oficina.

Daniel de Castro

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