La metamorfosis

Al abrir los ojos de nuevo tras aquellas palabras encontróse Gregoria Sánchez en la silla transformada en una especie de monstruo.

Hallábase echada sobre el respaldo y, al subir un poco la cabeza, vio chocante la figura de extraños ojos que la miraba como nunca nadie lo había hecho. Tardó un segundo más en comenzar a ser consciente de su metamorfosis. Miró sus manos surcadas por curvadas callosidades, sus brazos llenos de prominencias arqueadas. La luz de la sala le daba un color verdoso, como si su cuerpo estuviera cubierto de escamas. Sentía que movía involuntariamente un nuevo apéndice que bien podría ser una cola, latigueando a su derecha. Sus piernas habían dado paso a unas patas similares a columnas peludas.

Tan sólo al volver a ver aquel papel que presidía la mesa Gregoria recobró el habla para preguntar:

-¿Cuánto me queda entonces, doctor?
-Lamentablemente la metástasis…- continuó el doctor sin que Gregoria pudiera ya entenderle.

Miguel Antúnez López

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