Punto y aparte

Ayer María se sentía pequeña, indefensa y vulnerable. Sólo ha podido contestar un simple “Nada” a la pregunta que tanto tiempo había estado esperando, a la que había dedicado sus noches enteras a tejer con palabras, perfectamente estudiadas, respaldadas por latidos que acentuaban cada una de ellas, pero llegado el momento, no había sabido traspasar la imaginación, donde todo era perfecto, donde cada frase recibía su correspondiente mirada, donde las sonrisas se arropaban de caricias y donde por los menos se abría la puerta al miedo y se dejaba ir.

Hoy le ha vuelto a pasar, pero se ha dado cuenta de la existencia de un  “nada verdadero” o un simple “nada que ver contigo” o un “nada que te importe” aunque sea solamente para enmascarar a un “nada que pueda contarte”, porque a veces ese “nada” esconde el motivo por el que María decidió un día marcharse y empezar de cero.

R. Cartón

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