Abracadabra

Más allá de ese control estaba nuestra libertad. Tras la muerte de mi madre, en Francia no nos quedaba nada ni nadie. Mi padre y yo viajábamos solos en ese invierno de 1940. Y, entonces, nos pararon esos dos soldados nazis.

No sé por qué mi padre respondió que era mago. Lo había dejado cuando empezó todo. Los soldados se miraron, sonrieron y, sin dejar de apuntar con sus armas, dijeron que sólo pasaríamos si hacía un buen truco de magia. Si no les gustaba, nos matarían.

Mi padre comenzó con su discurso. Uno largo y elaborado que usaba en las mejores ocasiones. Les explicó que era un hombre sin miedo porque podía atrapar las balas con la boca. Para que no hubiese dudas debían marcarlas con una señal. Entonces, una vez que tenían las armas descargadas, mi padre sacó su pequeña pistola y les pegó a los dos un tiro en la cabeza. “Abracadabra”, susurró antes de volver a mi lado.

Miguel Antúnez López

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3 respuestas a Abracadabra

  1. Adnil dijo:

    Me encanta!! :)

  2. Miguel dijo:

    ¡Muchas gracias! ;)

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