Mágico amor

Me prometió el cielo y la luna. Le respondí que me conformaba con pisar la tierra. Sus ojos, zarcos como el agua clara del arroyo de mi pueblo, penetraban en mi ser y desnudaban mi alma. Azorada, intentaba cubrirme con ropajes de desprecio, adornada con aires altivos y vientos de timidez.

No se dio por vencido: rondaba la puerta de mi casa todas las mañanas para verme salir hacia la escuela. A la vuelta, por la tarde, me esperaba como guardián fiel del sauce llorón que lamentaba mi ausencia desde el jardín que adornaba mi morada.

Me juró amor eterno. Un día de lluvia, aterida de frío y con necesidad de calor, le creí. Sus besos cubrieron mi cuerpo mientras mi mente alcanzaba la luna prometida. Al día siguiente, desapareció para no volver jamás. Como por arte de magia.

Fernando da Casa de Campos

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