Magia en forma de humo

Pasaba los días mirando al cielo. Cuando las nubes dejaban de ser nubes, aparecían estrellas que se asemejaban a las diminutas piedrecitas de los mantos de Rey Mago que llevaba al colegio por esas fechas. Cuando el cielo dejaba de ser cielo y rayajos a lápiz inundaban la espesura, le tocaba ir en busca de su banco, donde se tumbaba boca arriba a admirar cada trocito de firmamento que la madrugada le prestaba. Poco a poco, el banco se convertía en la cama más dura y tocaba volver a casa. Para entonces, la cúpula había cambiado de nuevo y en cuanto se distraía un momento: magia. El cielo era gris.

E.

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