Se los tragó el cielo

Yo tenía diez años, pero recuerdo aquellas semanas como si fuera ayer. Todo empezó, o acabó, un sábado. Después de tres días de un rugir constante que no cesaba, Barcelona volvió a la tranquilidad. O quizás no.

Aquel día mi hermano y yo amanecimos en un lugar muy oscuro, iluminado tan solo por cuatro rayos de luz que penetraban por las juntas de unas maderas. Ninguno de los dos sabíamos qué nos llevó a aquel escenario tan oscuro y dantesco.

Cuando conseguimos salir, vimos que el exterior era peor: gente corriendo sin sentido, llantos, gritos, y un fuerte olor a pólvora… No entendíamos nada, ni siquiera dónde estaban nuestros padres, así que decidimos salir a buscarlos esquivando agujeros y muertos. Muertos que, como a nuestros padres, se los tragó el cielo.

Abejada

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