El pionero

Por fin, el artefacto estaba listo para el despegue. 34 años de duro trabajo dieron como fruto un ingenio sin parangón en la historia de la Humanidad. Un auténtico prodigio tras el cual se encontraba el solitario Lunacio Caristeo.

Emocionado y no poco aterrado, soltó las amarras, aseguró la cabina y echó a volar a buen ritmo. Perdió de vista a los curiosos que se habían acercado y, enseguida, su casa, su ciudad y toda Creta quedaron bajo sus pies. Lunacio sudaba, con el corazón fuera de sí y su ambición por conquistar el cielo intacta. Cuando la presión y el frío se volvían insoportables, la apreció por fin: la curva.

—¡Sí! ¡Lo sabía, sí! ¡Síii! ¡Es redonda! ¡Redonda! —gritó, llorando—. ¡Redondaaa!

Naturalmente, nadie supo jamás de él. La mayoría lo tachó de loco, mientras que otros estaban convencidos de que el genial Lunacio habría alcanzado su verdadero destino.

Álex Garaizar

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