Banco

Es verano. Hace calor, pero no demasiado. Sopla una ligero viento que relaja el ambiente y levanta las faldas lo suficiente como para disfrutar mejor del paisaje. Estoy tumbado boca arriba en un banco del parque. El viento juguetón sigue a lo suyo mientras dirijo mi mirada hacia el imperturbable cielo azul. Tengo muchas cosas en la cabeza. A falta de otras señales claras o una Zarza Ardiendo, le pido consejo al cielo. ¿Debería besarla o no? ¿Debería evitar todo pensamiento lujurioso o todo lo contrario? ¿Me desea o todo está en mi cabeza? Por suerte o por desgracia, el cielo no contesta. Ni falta que hace, ¿o sí? ¡Yo qué sé! Al sol se está muy bien. ¡Qué bien se está aquí! ¡Qué calorcito más agradable! No quiero pensar en nada más. Cierro los ojos.

-Hola.
-¡Hola!
-¿Llevas mucho tiempo esperando?

Le contesto que no mucho. Sonrío. Ella también sonríe. Sonreímos. ¿Quién necesita zarzas ardiendo ahora?

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