Salvación

-Duerme, pequeña, duerme y rompe el hielo en otra parte que aquí nadie te espera. Aprende a quererte si puedes que aquí nadie te quiere.

El cielo estaba gris mientras pronunciaba esas palabras, un claro indicio de que el sacrificio sería aprovechable a sus dioses.

La pobre niña temblaba, apenas tendría cinco años y estaba lejos de su hogar, pero a quién le importaba una chica sucia y pelirroja sin apenas nadie que la mantuviera.
Él lo sabía, no la miraba. Miraba al cielo, sus ojos calmados, el cuchillo en la mano, estaba seguro de que esta vez valdría. El sacrificio a cambio de su vida. Tal vez así se podría salvar.

Xenaga

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