Nuestro último momento

Era un invierno más cálido de lo habitual. Distraído, pensando en tiempos mejores, observaba a través de la ventana en la que se reflejaban los tenues rayos de un sol apagado.

De camino a la estación, envuelto en el innecesario abrigo, no dejaba de recordar los buenos momentos, aquellos en los que me engañabas.

Una vez en mi destino, al refugio de aquel primaveral día de diciembre, abstraído conversando en buena compañía, después de tanto tiempo, te vi.

Me miraste. Nos miramos. Volviste a mentirme y ya no sentí nada. Esa noche, abrazado a nuestro último momento, cerré los ojos. Y entonces llegó el frío.

Raúl Gil

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